(En Asunción) Koggi: food truck coreano

Existe una cierta magia en la libertad de comer comida callejera que seduce con su clandestinidad y nula etiqueta.

Koggi suena a un grupo de música K-Pop, cuyos greatest hits son una mezcla de dance y hip hop con alguno que otro videoclip lleno de colores brillantes y bailes sincronizados. Lejos de ser un hit de radio, Koggi en realidad significa “carne” en coreano.

Así se presenta al nuevo food truck de comida coreana que con una innegable y romántica austeridad está causando furor desde un callejón perdido de la ciudad de Asunción.

Sus dueños -Grace, David y Kiantar- fusionaron perfectamente la amistad, el amor por la comida y la multiculturalidad que los caracteriza, creando así un proyecto sobre ruedas sencillo pero a la vez complejo.

Este carrito de color amarillo fuerte, se encuentra ubicado al final de una calle oscura, iluminando un callejón sin salida como aquella olla de oro que uno espera al final del arcoíris. ¿Será coincidencia que lo pintaron como si fuera un tesoro?

El mismo está ubicado enfrente a la casa de sus dueños, en la vereda, repartiendo bullicio, música y aromas seductores para la fortuna de los vecinos, que antes solo salían a una calle lóbrega y que hoy, gracias a ellos, encuentran movimiento a partir de cada miércoles.

En el garaje de la casa, ubicaron cuatro tímidas y sencillas mesas de madera para compartir, nada que invite a estar sentado por mucho tiempo, lo cual es perfecto, ya que el concepto de cabecera es que uno vaya de paso y tenga la necesidad de invadir la calle comiendo algo rico y socializar de pie.

Entre las propuestas culinarias, uno de sus platos principales es el “Koggi Wrap”, que puede ser de carne, pollo, mixto o veggie (G 18.000), un lomito al estilo árabe que envuelve a sus ingredientes con un rico pan pita.

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Luego, como una opción bastante similar tenemos al “Koggi Sándwich” (G 15.000), mismo contenido pero entregado en un delicioso pan de hamburguesa.

Destaco acá que los lomitos están hechos con carne marinada durante 12 horas, con claros resultados de un sabor incomparable, textura única y mucha, mucha jugosidad. Resulta incuestionable la sensación que nace de las mixturas de las verduras, carnes y especias secretas místicas que solo sus dueños conocen.

Probamos también, el “Koggi Bowl” (G 25.000) que consiste en arroz coreano, carne y ensalada. Hablamos siempre de ese tipo de sencillez que conquista.

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Como los condimentos son primordiales, Koggi ofrece de protagonista a “Sriracha”, la salsa picante oriental por excelencia, que con su sabor dulzón semipicante, deleita no solo al paladar sino que también estimula gratamente al olfato.

El picante, especial para espantar todos los demonios del pasado, cumple una función vital en cada plato y yo (eterna debilucha) le declaré la guerra a mi alergia a los picantes y entregué mi cuerpo sin remordimientos a una pungencia cósmica bien merecida (con pastilla antialérgica en la cartera en caso de presentarse alguna emergencia).

Es un hecho que la comida callejera furtiva tiene ese efecto liberador que sin preguntar mucho uno disfruta de ensuciarse y dejarse llevar. Koggi, con sus humildes bolsitas de papel madera logra eso y mucho más.

Adrenalina de por medio y muchas latas de Pilsen más tarde probamos el favorito de la noche. Lo que sería el primer sencillo del grupo, un greatest hit incuestionable de este carrito ambulante, el famosísimo “Bibimbap”.

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El “Bibimbap” (G 25.000) es un típico plato coreano que consiste en arroz blanco, huevo, vegetales y carne picada servido -en este caso- en uno de esos platos de isopor sencillos y con una cuchara de la casa.

¿Pero qué hace tanta simpleza sea tan especial? Su verdadero secreto radica en el ritual de mezclar sin piedad de manera uniforme todos los ingredientes perfectamente sazonados. Esa divina mezcla entre lo salado y lo dulce, la textura crujiente y suave. Se disfruta casi en silencio, como contemplando cada ingrediente por separado.

Podríamos decir con énfasis que la carne es la protagonista del local, pero sin embargo existen versiones vegetarianas para cualquiera de las propuestas antes mencionadas.

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Finalmente doy mérito a este maravilloso food truck, que inició su valiente aventura en un país donde proliferan los lomiteros, comiéndose a la calle con su remix como arma de juego y destronando en muy poco tiempo a cualquier tipo de garaje culinario.

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