Viajeros

Me acuerdo cuando ayer trajiste tus cofres llenos de tesoros y yo traje lo míos, de cómo nos sentamos a compartir el botín como dos piratas de poca monta que acaban de asaltar grandes navíos a bordo del Golden Hind.

Hoy disfrutamos del arte de saber nada y de abdicar diariamente nuestros propios reinos pancistas en la búsqueda de una paz en común. Aquella armonía difícil de hallar, ese intercambio eterno de tierra y sal.

Decidimos que no queremos mirar lejos. Pero no por miedo, sino por respeto a la vista que tenemos frente a nuestros pies de viajeros. Un espectáculo fulgurante que el dios de la arcilla nos obsequia en silencio.

Nos sentimos afortunados de recorrer esta travesía juntos sin peajes que pagar y sin mochilas que cargar.

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